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por
Clarissa Pinkola Estés
Pinkola
Estés ha creado una psicología femenina en su sentido más
verdadero: el que lleva al conocimiento del alma. La
psicología tradicional se agota demasiado pronto cuando se trata de analizar
a la mujer creativa, talentosa, y profunda. La psicología tradicional
se muestra a menudo silenciosa a propósito de las cuestiones más
profundas e importantes para las mujeres: lo intuitivo, lo sexual y lo cíclico. Cualquiera
que sea la cultura que haya influido en una mujer, ésta comprende intuitivamente
las palabras "mujer" y "salvaje". Cuando
las mujeres oyen esas palabras, despierta y renace en ellas un recuerdo antiquísimo.
En lo más hondo de nuestro ser la conocemos, (..) sabemos que nos pertenece
y que nosotras le pertenecemos. Si
las mujeres han perdido (esa esencia femenina), cuando la vuelven a encontrar,
pugnarán por conservarla para siempre. Una vez que la hayan recuperado,
lucharán con todas sus fuerzas para conservarla, pues con ella: Y
en consecuencia ya no son el blanco de las depredaciones de los demás,
y tienen el mismo derecho a crecer y prosperar según las leyes de la
naturaleza. EL
CAMINO PARA SER MUJER SALVAJE El
camino conduce a las mujeres hacia el conocimiento cada vez más profundo
de sí mismas: las edades de las mujeres, la manera de actuar de la mujer,
su sabiduría y su fuego creador. Las
mujeres salvajes, saben instintivamente cuando tienen que morir las cosas y
cuando tienen que vivir; saben cómo alejarse y cómo quedarse. La
palabra "salvaje" se utiliza en su sentido original que significa
VIVIR UNA EXISTENCIA NATURAL: en la que se posee una integridad innata y unos
límites saludables. Las
palabras "mujer" y "salvaje" hacen que las mujeres recuerden
quiénes son y qué es lo que se proponen. Personifica la fuerza
que sostiene a todas las mujeres. Cuando
una mujer ha recobrado su naturaleza sabia o inteligente, es al mismo tiempo
amiga y madre de todas las que se han extraviado, de todas las que necesitan
aprender, de todas las que tienen un enigma que resolver, de todas las que andan
vagando y buscando. Desde las antiguas tradiciones, la Mujer Salvaje, es el alma femenina:
De
entrada las puertas que conducen al mundo del YO salvaje son pocas pero valiosas. La
naturaleza salvaje, no exige de una mujer que sea de un determinado color, tenga
una determinada educación y un determinado estilo de vida o pertenezca
a una determinada clase económica. De hecho, no puede desarrollarse en
una atmósfera de obligada corrección política ni puede
ser doblada para que encaje en unos moldes. Se desarrolla con la mirada pura
y la honradez personal. Se desarrolla con su propia manera de ser. Para encontrar
esa esencia femenina, las mujeres deben regresar a sus vidas instintivas, a
sus más profundos conocimientos.El desarrollo de una relación
con la naturaleza salvaje forma parte esencial de la individuación de
las mujeres. Las
facultades instintivas de la mujer son: LOS
ENEMIGOS DE LA MUJER SALVAJE: “LOS DEPREDADORES” Ellos
ansían la superioridad y el poder sobre los demás. Tienen una
especie de inflación psicológica por la que el ente pretende ser
tan grande (..) que deseen controlar las misteriosas fuerzas de la naturaleza,
incluyendo los sistemas de la vida y de la muerte. La
consecuencia del intento de un ser de quebrantar, doblar o alterar las normas
de la naturaleza humana se castiga con una merma de sus facultades. Todas
las criaturas tienen que aprender que existen depredadores. Y aunque nos compadezcamos
de ellos, lo primero que tenemos que hacer es reconocerlos, y protegernos de
su devastadora actuación. Comprender
al depredador significa convertirse en un ser maduro que no es vulnerable por
ingenuidad, inexperiencia o imprudencia. LAS
MUJERES INGENUAS COMO PRESA Al
comienzo de la vida de una mujer, su comprensión emocional de lo oculto
es muy débil y por ello su punto de vista femenino es muy ingenuo. Pero
ahí es donde todas empezamos: somos ingenuas y nos empeñamos en
colocarnos en situaciones muy confusas. Ignoramos quién es el depredador
y quién no. Las
enseñanzas iniciales a "ser amables" induce a las mujeres a
pasar por alto sus intuiciones. En este sentido, se las enseña deliberadamente
a someterse al depredador. Se
es ingenua en el caso de muchachas muy jóvenes o de mujeres que no han
sido mimadas. La
mujer que no presta atención a su instinto de advertencia es porque todavía
está demasiado identificada con la ingenuidad. Una mujer ingenua se equivoca
una y otra vez en la elección de su pareja. En algún
lugar de su mente ella sabe lo que tendría que hacer, que esa pauta es
inútil, que tendría que abandonarla. Pero una especie de hipnosis
la induce a seguir la pauta destructiva. Cualquiera
que sea el dilema en el que se encuentre atrapada una mujer las voces de lo
más hondo de la mente le susurran las verdades que tal vez no desea oír,
pues destruyen su fantasía del "Paraíso Encontrado".
Muchas mujeres se casan cuando todavía son ingenuas y eligen a alguien
que destruye sus vidas, pues creen que podrán "curar" a aquella
persona con su amor. Con
el tiempo, la mujer que se ha dejado atrapar de esta manera se dará cuenta
de que sus esperanzas de una vida digna para ella y sus hijos son cada vez más
escasas. Mientras
se obligue a la mujer a creer que está desvalida y se la adiestra a no
percibir conscientemente lo que ella sabe que es cierto, las dotes y los impulsos
femeninos seguirán siendo exterminados. Cuando el espíritu juvenil
se casa con el depredador, la mujer es apresada o reprimida en una época
de su vida inicialmente destinada al desarrollo. En lugar de vivir libremente,
la mujer empieza a vivir de una manera falsa. Existe
un medio para salir de todo eso, pero hay que tener la llave: la llave del conocimiento. La
mujer ingenua accede tácitamente a "no saber". La
mujer ingenua o lastimada se deja arrastrar fácilmente por las promesas
de comodidad, de alegre diversión o de distintos placeres, tanto si son
promesas de una posición más elevada (..) como si son promesas
de mayor seguridad, amor eterno, arriesgadas aventuras, o sexo desenfrenado. LA
LLAVE DEL CONOCIMIENTO La
llave del conocimiento es la naturaleza instintiva, es la innata curiosidad
que la ayudará a descubrir más allá de lo evidente. Sin
ese conocimiento la mujer carece de la debida protección. Formular
la pregunta apropiada constituye la acción central de la transformación.
La pregunta debidamente formulada siempre emana de una curiosidad esencial acerca
de lo que hay detrás. La pregunta clave da lugar al desarrollo de la
conciencia. Las
preguntas no se pueden ocultar ni olvidar. Se tienen que formular. Se tienen
que responder.
Destruimos
al depredador conservando nuestras intuiciones y nuestros instintos y oponiendo
resistencia a sus seducciones. Si hiciéramos una lista de todas las pérdidas
que hemos sufrido hasta este momento de nuestras vidas, recordando las veces
que sufrimos decepciones y fuimos impotentes contra el sufrimiento. Destruimos
los ataques del depredador, tomándonos en serio y trabajando con lo que
hay de cierto en lo que dice el depredador y descartando lo demás.Si
nos negamos a prestar atención al depredador, éste se queda sin
fuerzas y no puede actuar sin nuestra colaboración. Extraer la energía del depredador y convertirla en algo útil se puede entender de las siguientes maneras: *la
furia del depredador se puede transformar en un fuego espiritual capaz de llevar
a cabo una gran tarea mundial. Entonces
la mujer es libre de buscar las verdaderas respuestas a sus mas profundas y
oscuras preguntas. Entonces
es libre de los poderes de lo que la ha atacado y de transformar estos poderes,
que antes se habían utilizado contra ella, en su propio beneficio. Eso
es la mujer salvaje. LA
CULTURA OPRESIVA El
proceso destructor se intensifica cuando la cultura que rodea a una mujer fomenta,
alimenta y protege las actitudes destructivas contra la naturaleza instintiva
y espiritual más profunda. De este modo, estos valores culturales
destructivos se va fortaleciendo en el interior de la psique colectiva de todos
sus miembros. Cuando
una sociedad exhorta a la gente a desconfiar y huir de la profunda vida instintiva,
se refuerza e intensifica un elemento auto depredador en cada psique individual. Sin
embargo, hasta en una cultura opresiva, cualesquiera que sean las mujeres en
las que su esencia (de mujer salvaje) siga viviendo, prosperando e incluso resplandeciendo
se harán las preguntas clave, no sólo las que consideramos útiles
para conocernos mejor sino también las que se refieren a nuestra cultura. Abrazar
el mundo y comportarse con él de una manera sentimental y fortalecedora
del sentimiento es una poderosa manifestación del espíritu salvaje.Aunque
una mujer sufra una lesión si es atrapada y/o inducida a engaño
a seguir siendo ingenua y sumisa, aún le queda la energía suficiente
para vencer, ya que se ha mantenido en contacto con su profunda naturaleza instintiva
salvaje. Cuando
la naturaleza instintiva de una mujer es fuerte, ésta identifica intuitivamente
al depredador innato a través del olfato, la vista y el oído ,
se anticipa a su presencia , lo oye acercarse y adopta medidas para rechazarlo.
Una mujer cuyo instinto ha sido lesionado, sobre todo por culpa de introyecciones
que la exhortan a ser amable , a comportarse bien y, especialmente , a mostrarse
ciega ante los abusos de que está siendo objeto. A
primera vista es difícil establecer la diferencia entre las mujeres que
son jóvenes y, por consiguiente, ingenuas, y las mujeres cuyo instinto
ha sido dañado. La cura , tanto para la mujer ingenua como para aquella
cuyo instinto ha sido lesionado, es la misma: Si
conseguimos sacar esta capacidad de las sombras de la psique, ya no seremos
unas simples víctimas de las circunstancias internas o externas. Esa
esencia de mujer salvaje, enseña a las mujeres a no ser "amables"
cuando tengan que proteger sus vidas emocionales. Cuando la vida emocional está
amenazada, el hecho de trazar en serio una línea de contención
es no sólo aceptable sino también preceptivo. Cuando la mujer
así lo hace, su vida ya no puede sufrir intromisiones durante mucho tiempo,
pues ella se da cuenta inmediatamente de lo que ocurre. Ya no es ingenua. Ya
no es un blanco ni un objetivo. A
veces una mujer se siente acosada por las mezquinas exigencias de su psique
que la exhortan a acceder a cualquier cosa que deseen los demás . Pero
el cumplimiento de las exigencias ajenas da lugar a una terrible comprensión
de la que todas las mujeres tienen que tomar nota. La comprensión
del hecho de que ser nosotras mismas hace que muchos nos destierren y de que
el hecho de acceder a las exigencias de los demás hace que nos desterremos
de nosotras mismas. La tensión es un tormento y se tiene que
resistir , pero la elección está muy clara. En
los cuentos de hadas, el papel del forastero o del proscrito suele estar representado
por el personaje que está más profundamente relacionado con la
naturaleza sabia. Para
poder ver algo necesitamos intuición y fuerza para resistir lo que vemos.
Es posible que tratemos de ser amables en lugar de ser astutas. Es posible que
nos hayan enseñado a apartar a un lado la aguda perspicacia para poder
llevarnos bien con la gente. Sin embargo, la recompensa que recibimos a cambio
de ser amables en circunstancias opresivas consiste en una intensificación
de los malos tratos. Tal como ocurre con el conflicto entre el hecho de someterse a los deseos de los demás y el de ser una misma, esta presión conduce a un buen final. La mujer ha de distinguir lo que es bueno para ella y lo que no. No podrá desarrollarse mientras siga siendo la criada de todo el mundo. Las mujeres que tratan de ocultar sus mas profundos sentimientos se están matando.
La
intuición percibe el camino que hay que seguir para poder sacar el mayor
provecho posible de una situación. Tiene instinto de conservación,
capta los motivos y la intención subyacente y opta por aquello que causará
la menor fragmentación posible en la psique. Alimentamos el profundo
yo intuitivo prestándole atención y siguiendo sus consejos. La
exagerada amabilidad y ese afán de acomodarse a los deseos de los demás
suelen producirse cuando las mujeres temen desesperadamente ser privadas de
sus derechos o ser consideradas innecesarias. Para que los hombres puedan comprender
a las mujeres, éstas les tendrán que enseñar las configuraciones
del femenino salvaje. La mujer sabia mantiene ordenado su ambiente psíquico.
Y lo hace conservando la cabeza clara, conservando un espacio libre para su
trabajo, y esforzándose para llevar a feliz término sus ideas
y proyectos. A
muchas mujeres dicha tarea les exige que cada día dejen libre un espacio
para la meditación, un espacio para vivir que sea indiscutiblemente suyo. Una
mujer tiene que estar dispuesta a arder, arder al rojo vivo, a arder con pasión,
a arder con palabras, con ideas, con deseo de cualquier cosa que ella aprecie
sinceramente. Las
tareas psíquicas que debe hacer una mujer, para recobrar su naturaleza
salvaje , son dos: La
falta de intuición y de sensibilidad ante los ciclos femeninos o el hecho
de no seguir los consejos de la propia sabiduría da lugar a unas decisiones
desacertadas e incluso desastrosas.Si la mujer está rodeada de personas
que ponen los ojos en blanco y levantan despectivamente la mirada al techo cuando
ella entra en la estancia, dice algo, hace algo o reacciona a algo, no cabe
duda que se encuentra en compañía de personas que apagan las pasiones,
las de la mujer y probablemente también las suyas propias.. Estas personas
no sienten interés por ella, ni por su trabajo ni por su vida. La
mujer tiene que elegir con prudencia tanto a los amantes como a los amigos,
pues tanto los unos como los otros pueden convertirse en perversos.Un amante
puede crear y/o destruir hasta nuestras conexiones más duraderas con
nuestros ciclos e ideas. Hay que evitar al amante destructivo. Un amante
y unos amigos que presten su apoyo a la criatura que hay en ella, son las personas
que le convienen a la mujer, pues serán sus amigos del alma para toda
la vida. La esmerada elección de amigos y de amantes es esencial
para conservar la conciencia, la intuición y la ardiente luz que ve y
sabe. Tomado
de http://www.el-refugioesjo.net/ Extraído de “Mujeres que corren con lobos” de Clarissa Pinkola Estés, por Marina Parés-Soliva. |
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